Estamos preparando un nuevo libro sobre el siguiente paso en comunicación. Lo que pensábamos, nosotros y muchos más, claro, se ha hecho realidad. Y hoy trabajamos en este escenario: el consumidor activo, interactivo e hiperactivo, la participación, relevancia, involucración etc. Las marcas empiezan a asumir (por obligación, no por convicción) que deben ofrecer a sus clientes un papel en el juego y ya hay bastantes que lo intentan hacer, dubitativas, sin poner toda la carne en el asador, con un pie aqui y otro allí, pero empiezan a moverse.
Bien, el consumidor, Bob, empieza a ser invitado a opinar, a participar, a decidir. Y aquí está el siguiente reto: ¿hasta donde puede uno de nuestros clientes elegir o decidir el destino de una marca? ¿Puede o debe una marca “obedecer” a sus consumidores? Si las marcas piden su opinión, ¿tendrán las marcas que hacerles caso y cambiar siempre que Bob pida por su boquita?
